LIAR AND HE KNOWS IT
Mi dentista
tiene un método muy eficaz para retrasar el momento del dolor, cuando
empieza a manipular en el lugar determinado, allá donde anida una caries o donde
se va a instalar un perno, siempre hace la misma pregunta ¿te hago daño?, si la
respuesta es no, sigue avanzando hasta que un grito apagado por un aparato
aspirador situado en el interior de mi dañada boca avisa de que hasta aquí podemos llegar.
Mariano Rajoy
está practicando esta técnica a todos los niveles. El presidente avisó que
actuaría contra el dinero negro, cosa que, en principio, no duele, siendo la
respuesta de la ciudadanía la del silencio. Seguidamente da un paso más y
decide aprobar una norma por la que el defraudador tendrá una amnistía y un
trato de favor que no tuvo el ciudadano español de verdad, el patriota, el
bueno, y eso duele.
El presidente también se atreve con los bancos. En primera
instancia opta por hacer una reforma financiera que, a priori, provoca la
aceptación ciudadana, y como respuesta el mismo silencio indoloro. En noviembre
de 2.011, y haciendo alarde del dominio de la activa y la pasiva el Sr. Rajoy ya afirmó
que no daría un euro público a la banca. Otra vuelta de tuerca, el paciente con la
boca abierta, y el presidente del Gobierno, apenas seis meses después, insinúa
que habrá una inyección de dinero público a los bancos como última instancia.
Pero la
extracción más dolorosa ha sido, hasta la fecha, la de la reforma laboral. Al
margen de que le haya costado una huelga general, Mariano Rajoy, meses antes, había
confortado a la ciudadanía cuando en el debate contra Rubalcaba le espetó que
el partido socialista había ido lejos abaratando el despido, pero el tirón ha
sido fuerte y la muela ha salido de raíz, hoy el despido improcedente en España es
más barato. Todo, unido al reconocimiento hoy en Onda Cero de que va a incumplir
su programa electoral, duele y hasta
aquí podemos llegar.
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