lunes, 7 de mayo de 2012

LIAR AND HE KNOWS IT

Mi dentista tiene un método muy eficaz para retrasar el momento del dolor, cuando empieza a manipular en el lugar determinado, allá donde anida una caries o donde se va a instalar un perno, siempre hace la misma pregunta ¿te hago daño?, si la respuesta es no, sigue avanzando hasta que un grito apagado por un aparato aspirador situado en el interior de mi dañada boca avisa de que hasta aquí  podemos llegar.

Mariano Rajoy está practicando esta técnica a todos los niveles. El presidente avisó que actuaría contra el dinero negro, cosa que, en principio, no duele, siendo la respuesta de la ciudadanía la del silencio. Seguidamente da un paso más y decide aprobar una norma por la que el defraudador tendrá una amnistía y un trato de favor que no tuvo el ciudadano español de verdad, el patriota, el bueno, y eso duele.

El presidente también se atreve con los bancos. En primera instancia opta por hacer una reforma financiera que, a priori, provoca la aceptación ciudadana, y como respuesta el mismo silencio indoloro. En noviembre de 2.011, y haciendo alarde del dominio de la activa y la pasiva el Sr. Rajoy ya afirmó que no daría un euro público a la banca. Otra vuelta de tuerca, el paciente con la boca abierta, y el presidente del Gobierno, apenas seis meses después, insinúa que habrá una inyección de dinero público a los bancos como última instancia.

Pero la extracción más dolorosa ha sido, hasta la fecha, la de la reforma laboral. Al margen de que le haya costado una huelga general, Mariano Rajoy, meses antes, había confortado a la ciudadanía cuando en el debate contra Rubalcaba le espetó que el partido socialista había ido lejos abaratando el despido, pero el tirón ha sido fuerte y la muela ha salido de raíz, hoy el despido improcedente en España es más barato. Todo, unido al reconocimiento hoy en Onda Cero de que va a incumplir su programa electoral,  duele y hasta aquí podemos llegar.

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