viernes, 9 de enero de 2015


Altivo argivo, heroico espartano
               

                Se dice que entre Argos y Esparta hubo más que palabras, se dice que pelearon a muerte, se dice que lo hicieron en igualdad de condiciones, que cada uno puso en liza trescientos combatientes y que sólo quedaron tres, dos argivos y un espartano. Los argivos entendieron que ganaban por la superioridad de dos contra uno, abandonando acto seguido el lugar sin tener en cuenta que el último, el que resiste hasta el final es el ganador, y así lo hizo saber el espartano.

            Mucho tiempo ha pasado pero muy pocos modos han cambiado, incluso han virado a peor. Hoy los argivos no plantean una lucha en igualdad, principalmente porque cuentan con el poder del Estado, allí donde se refugian sus recursos humanos, allí donde sólo los presupuestos generales informan y dan a entender que detrás hay un amplio ejército, a más inri retribuidos, principalmente, por las aportaciones económicas de los espartanos.

            Los enfermos con Hepatitis C han luchado y luchan contra un ejército de virus implacables, contra GILEAD, multinacional poseedora de la pócima mágica SOVALDI, y contra su contrincante más duro y despiadado, el Gobierno español. Tres frentes que aglutinan efectivos muy superiores a los trescientos espartanos de antaño y que esperan doblegar la voluntad de más de trescientos enfermos que ven como va mermando la tropa a golpe de miseria política.

            Cuando en un ring el púgil observa asustado desde el primer segundo del combate como el otro gira alrededor y va encajando golpe tras golpe sin reacción posible, el desenlace es de esperar que no se producirá más allá del tercer asalto siendo optimistas, y es que el virus de la Hepatitis C se comporta cual púgil sin compasión. Cuando desde una situación de opulencia salvaje se muestra de manera obscena el alimento al hambriento, el dinero al pobre o la medicina al deshauciado tirando de chantaje económico nos encontramos con una farmacéutica multinacional sin escrúpulos. Cuando se financian proyectos deportivos anillados inalcanzables, se plantean polémicos salones de juego o se reparten sobres de dinero del color del azabache negando la vida a un enfermo de Hepatitis C, la batalla está sentenciada.

            Los argivos no lo tuvieron nunca tan fácil para humillar al espartano, para matarlo sin mover un dedo, pero al espartano le quedará suficiente tiempo para dar el último golpe, para declarar la victoria ante la retirada por soberbia de los argivos, y lo hará con el voto, y con el apoyo del resto de la tropa que compartimos con ellos coraje, ética y humanidad.

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