Altivo argivo, heroico espartano
Se
dice que entre Argos y Esparta hubo más que palabras, se dice que pelearon
a muerte, se dice que lo hicieron en igualdad de condiciones, que cada uno puso
en liza trescientos combatientes y que sólo quedaron tres, dos argivos y un
espartano. Los argivos entendieron que ganaban por la superioridad de dos
contra uno, abandonando acto seguido el lugar sin tener en cuenta que el
último, el que resiste hasta el final es el ganador, y así lo hizo saber el
espartano.
Mucho tiempo ha pasado pero muy pocos modos han cambiado,
incluso han virado a peor. Hoy los argivos no plantean una lucha en igualdad,
principalmente porque cuentan con el poder del Estado, allí donde se refugian
sus recursos humanos, allí donde sólo los presupuestos generales informan y dan
a entender que detrás hay un amplio ejército, a más inri retribuidos,
principalmente, por las aportaciones económicas de los espartanos.
Los enfermos con Hepatitis C han luchado y luchan contra
un ejército de virus implacables, contra GILEAD, multinacional poseedora de la pócima
mágica SOVALDI, y contra su contrincante más duro y despiadado, el Gobierno
español. Tres frentes que aglutinan efectivos muy superiores a los trescientos
espartanos de antaño y que esperan doblegar la voluntad de más de trescientos
enfermos que ven como va mermando la tropa a golpe de miseria política.
Cuando en un ring el púgil observa asustado desde el
primer segundo del combate como el otro gira alrededor y va encajando golpe
tras golpe sin reacción posible, el desenlace es de esperar que no se producirá más allá del
tercer asalto siendo optimistas, y es que el virus de la Hepatitis C se
comporta cual púgil sin compasión. Cuando desde una situación de opulencia salvaje
se muestra de manera obscena el alimento al hambriento, el dinero al pobre o la
medicina al deshauciado tirando de chantaje económico nos encontramos con una
farmacéutica multinacional sin escrúpulos. Cuando se financian proyectos
deportivos anillados inalcanzables, se plantean polémicos salones de juego o se
reparten sobres de dinero del color del azabache negando la vida a un enfermo
de Hepatitis C, la batalla está sentenciada.
Los argivos no lo tuvieron nunca tan fácil para humillar
al espartano, para matarlo sin mover un dedo, pero al espartano le quedará
suficiente tiempo para dar el último golpe, para declarar la victoria ante la
retirada por soberbia de los argivos, y lo hará con el voto, y con el apoyo del
resto de la tropa que compartimos con ellos coraje, ética y humanidad.
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