LA PIEDRA
QUE SARKO TIRÓ
Fue allá por dos mil ocho
cuando todos despertamos del sueño, cuando todos y cada uno sin excepción nos
dimos cuenta de que algo fallaba, que algo se derretía en el engranaje del
Estado. A Sarkozy, por aquel entonces presidente de la república francesa, le
partieron la cara por afirmar que habría que "refundar" el capitalismo, ya nada más se supo, a pesar
de que había errado poco el tiro.
Tres años después del gran
bofetón la gente se movilizó espontáneamente en Sol, un quince de mayo, frente
al estupor de la clase dirigente que desconcertada comenzaba a mirar hacia
abajo para saber qué era ese ruido y quién lo generaba, no llegaron a
conclusión alguna, cosa que entra dentro de la normalidad, y con palos de ciego
saldaron la cuestión al grito faltón de "perroflautas".
Aquella agitación
desordenada intentó buscar su sitio desmarcándose del sistema, poniendo en
marcha asambleas ciudadanas que poco a poco consumían su energía inicial sin
que nadie supiera como canalizar las ganas de cambiar el rumbo de aquello que
Sarko sugirió "refundar".
Faltaba líder, entrar cual caballo de Troya vestidos de partido político, así
lo exigían incluso los altivos dueños del pedestal presuponiendo miedo y
vértigo ciudadano para girar la tortilla.
Tres años más de andadura por el desierto, de silencio
desesperante ante una indignación creciente, y casi de la nada surge la
revolución, el líder, el partido político reclamado, y el cumplimiento de las
reglas del juego que pedían los que se ganaron formar parte de la
"casta".
Preguntarse el por qué un movimiento que canaliza mucha
indignación popular, que se constituye como partido, que vierte por boca de
líder lo que una gran mayoría piensa es atacado con tanta virulencia tiene una
respuesta evidente, miedo. Cierto que Errejón realiza trabajos desde su casa,
que Monedero cobra un buen dinero por asesorar al país equivocado o que a
Albert Rivera le sitúan en Nuevas Generaciones del Partido Popular, pero hace
falta mucho más para ahogar una esperanza.
Sarko quiso "refundar"
el capitalismo, Podemos se convierte en la versión más radical para atacar la
idea, Ciudadanos y UPyD lo suavizan y PP-PSOE asisten atónitos a un declive
provocado por ellos mismos. Dejemos que sea el ciudadano, indignado o no, quien
decida la forma del nuevo futuro nacido en dos mil ocho.
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