NO SE OFENDE QUIEN PUEDE
Siempre me llamó la atención que
entre gritos y balones aéreos hubiera hueco para golpes o para un conato de
ellos entre educandos, sin lugar a duda la vida en el colegio, por aquel
entonces inmerso en la Ley General de Educación de 1970, también denominada
EGB, era singular, dura a veces, humillante para muchos y muy feliz para
casi todos. Recuerdo a las niñas con la goma, a los niños jugando a churro, y en un aparte al
clan matón, el del círculo inaccesible cuya diversión consistía en pasar el
tiempo de recreo enseñándose los puños, moviéndose cual púgiles en el ring, o
simplemente maquinando y resolviendo por las bravas el juego de la goma de las
chicas o la fila de churro
de los chicos.
El clan matón era sin duda peculiar,
muy estructurado y jerarquizado, y sobretodo muy corporativista, quien entraba
en él ya sabía que tenía que dar la vida o como mínimo poner la cara si había
que partírsela por un compañero de clan. Cuando la EGB llegaba a su fin el clan
se disolvía y sus miembros se iban suavizando hasta llegar a una madurez
irreconocible, la vida se encarga de moldear las zonas oscuras que tiene
la inocencia.
El tiempo es el mejor doctor para la
cura de los malos hábitos, pero no todos los seres humanos llegan al estadio de
pleno desarrollo reconociendo que el juego de clanes quedó atrás, el placer de
irrumpir en la vida de los demás, el asaltar sus juegos o simplemente perturbar
la paz que una gran mayoría disfrutamos en este planeta llamado Tierra,
continúa, extorsionadores y chantajistas se siguen instalando donde no deberían
tener hueco, y los que no pueden amedrentar con actos lo hacen con palabras,
ahí es donde situamos al actual Papa, a Francisco, que con declaraciones como
las de esta semana en defensa de sus colegas de fe, de religión, viene
veladamente a trasladar a los demás que quien se meta con ellos no va a
encontrar un final agradable, como prueba lo visto en Francia.
La Iglesia Católica ha perdido el
norte, de la musulmana ni me pronuncio porque ni siquiera lo ha atisbado a
encontrar, y no estoy hablando ya de los numerosos casos de pederastia, del
odio a la condición homosexual, del trato degradante a la mujer en
defensa de un machismo rancio o de la imposición de la creencia, sobre la
que la ciencia sólo reconoce un estallido fluidos que conformarán un feto,
de que la vida comienza con la fecundación cercenando el derecho a decidir,
estoy hablando de algo distinto, la Iglesia ha priorizado, al margen de las
creencias, su lealtad al clan religioso con frases como "Si alguien dice una palabrota sobre mi madre puede esperarse un
puñetazo" o "no se puede
insultar la fe del Islam".
Charlie Hebdo puede gustar más o
menos, puede hace más o menos gracia, pero jamás una viñeta humorística por muy
desagradable que algunos la entiendan puede ser motivo para lanzar un "puñetazo" como dice don
Francisco, o para ejecutar vidas humanas que es por lo que, al parecer, optan radicales de otras religiones. El refranero
español es implacable, "no se ofende
quien puede, si no quien quiere", que quien pudiendo
ofenderse entiende que la vida abre puertas para canalizar la crítica y
convertirla en una sonrisa o en el peor de los casos en sentencias de
tribunales que rescaten el honor, tiende a comportarse como un ser humano a
respetar, quien quiere ofenderse a toda costa para seguir sintiéndose al mando
del clan matón de los recreos de colegio e irrumpir en la vida de los demás con
violencia y odio mediando hechos o palabras forma parte de una calaña a
eliminar. El Papa ha decepcionado a muchos que creían que un mundo nuevo se
abría en el catolicismo y ha reafirmado la sensación de marketing vaticano en otros cuando lo han visto salir en defensa de lo indefendible, en defensa de la integridad del
clan religioso al que pertenece. El patio ya no huele a colegio.
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