sábado, 17 de enero de 2015



NO SE OFENDE QUIEN PUEDE

            Siempre me llamó la atención que entre gritos y balones aéreos hubiera hueco para golpes o para un conato de ellos entre educandos, sin lugar a duda la vida en el colegio, por aquel entonces inmerso en la Ley General de Educación de 1970, también denominada EGB, era singular, dura a veces, humillante para muchos y muy feliz para casi todos. Recuerdo a las niñas con la goma, a los niños jugando a churro, y en un aparte al clan matón, el del círculo inaccesible cuya diversión consistía en pasar el tiempo de recreo enseñándose los puños, moviéndose cual púgiles en el ring, o simplemente maquinando y resolviendo por las bravas el juego de la goma de las chicas o la fila de churro de los chicos. 

            El clan matón era sin duda peculiar, muy estructurado y jerarquizado, y sobretodo muy corporativista, quien entraba en él ya sabía que tenía que dar la vida o como mínimo poner la cara si había que partírsela por un compañero de clan. Cuando la EGB llegaba a su fin el clan se disolvía y sus miembros se iban suavizando hasta llegar a una madurez irreconocible, la vida se encarga de moldear las zonas oscuras que tiene la inocencia. 

            El tiempo es el mejor doctor para la cura de los malos hábitos, pero no todos los seres humanos llegan al estadio de pleno desarrollo reconociendo que el juego de clanes quedó atrás, el placer de irrumpir en la vida de los demás, el asaltar sus juegos o simplemente perturbar la paz que una gran mayoría disfrutamos en este planeta llamado Tierra, continúa, extorsionadores y chantajistas se siguen instalando donde no deberían tener hueco, y los que no pueden amedrentar con actos lo hacen con palabras, ahí es donde situamos al actual Papa, a Francisco, que con declaraciones como las de esta semana en defensa de sus colegas de fe, de religión, viene veladamente a trasladar a los demás que quien se meta con ellos no va a encontrar un final agradable, como prueba lo visto en Francia. 

            La Iglesia Católica ha perdido el norte, de la musulmana ni me pronuncio porque ni siquiera lo ha atisbado a encontrar, y no estoy hablando ya de los numerosos casos de pederastia, del odio a la condición homosexual, del trato degradante a la mujer en defensa de un machismo rancio o de la imposición de la creencia, sobre la que la ciencia sólo reconoce un estallido fluidos que conformarán un feto, de que la vida comienza con la fecundación cercenando el derecho a decidir, estoy hablando de algo distinto, la Iglesia ha priorizado, al margen de las creencias, su lealtad al clan religioso con frases como "Si alguien dice una palabrota sobre mi madre puede esperarse un puñetazo" o "no se puede insultar la fe del Islam".  

            Charlie Hebdo puede gustar más o menos, puede hace más o menos gracia, pero jamás una viñeta humorística por muy desagradable que algunos la entiendan puede ser motivo para lanzar un "puñetazo" como dice don Francisco, o para ejecutar vidas humanas que es por lo que, al parecer, optan  radicales de otras religiones. El refranero español es implacable, "no se ofende quien puede, si no quien quiere", que quien pudiendo ofenderse entiende que la vida abre puertas para canalizar la crítica y convertirla en una sonrisa o en el peor de los casos en sentencias de tribunales que rescaten el honor, tiende a comportarse como un ser humano a respetar, quien quiere ofenderse a toda costa para seguir sintiéndose al mando del clan matón de los recreos de colegio e irrumpir en la vida de los demás con violencia y odio mediando hechos o palabras forma parte de una calaña a eliminar. El Papa ha decepcionado a muchos que creían que un mundo nuevo se abría en el catolicismo y ha reafirmado la sensación de marketing vaticano en otros cuando lo han visto salir en defensa de lo indefendible, en defensa de la integridad del clan religioso al que pertenece. El patio ya no huele a colegio.


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